Morfología del salto (II)

Mi amigo se quebró las piernas al volar desde una rama de árbol que era todo el cielo.

Ese día no recibió el mismo tratamiento que los pájaros.

Entonces, creo, éramos niños.

La mitad del tiempo de ahora (el tiempo adulto) creo también que esa tarde funesta él no había inventado aún la diferencia entre las telas o las literaturas; tampoco se interesaba por términos como rubio helado ni hablaba latín, y la caoba era un comedor que rayábamos con grafito. Los dos teníamos pelos negros y lisos en las piernas y él me parecía guapo cuando tomaba la sopa de pasta y si jugaba con el perro y me prestaba su espada de He-Man.

La otra mitad del tiempo le digo que no chingue, que siempre fue bien puto bien puto, mucho antes de nacer. A él le da risa.

Su mamá dio un grito cuando vio al niño volador tirado y roto como una muñeca de hueso ensangrentada.

Yo me quedé suspendida sobre el jardín, contemplándolos, con las rodillas todavía nuevas.

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Morfología del salto (I)

La espalda de mi hermana es leche vertida sobre el lienzo.

Me vigila con un solo párpado. Desnuda, hundida. Parece un animal eterno, casi dormido.

La espalda de mi hermana gemela hermana texto hermana siamesa  palpita en el rojo.

Un buen diagnóstico era importante. Por eso, hace un año le engraparon no sé qué músculos dorsales y la herida quedó abierta varios meses. Yo entonces no la conocía (y, por improbable que parezca, tampoco había tenido noticia de la palabra lumbalgia).

Fue ella quien me lo contó: la mano derecha le acunaba la sien y el peso de toda la estructura descansaba sobre el tríceps también derecho.

Yo tenía la misma posición que tengo ahora.

Esa noche salté como un gato esteta sobre su cuerpo licuado y lamí lamí lamí hasta la última gota los poros abiertos el calostro tibio.


		
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Gimnasio de escritura (1): bestias y plantas.

Siempre será buena idea comparar colores con los pétalos de una flor que el lector probablemente jamás haya visto, o bien con el color de un mineral rarísimo. Del mismo modo,es posible construir una buena comparación evocando el pelaje de animales poco comunes en la zona geográfica del escritor. Sin embargo, esta paleta suele ser más limitada y podría empujar -si no se hace con prudencia- a nuestro símil a un terreno poco afortunado. A menos, eso sí, que se trate del plumaje de aves que no tengan nombre de conjuntos turísticos.

Lo anterior se debe a que las comparaciones botánicas o mineralógicas poseen la virtud de inocular el texto con extrañeza y desasosiego (¡punto a favor!), mientras que las metáforas fáunicas podrían enfurecer a la comunidad protectora de los derechos literarios de los animales.

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Los Arqueólogos

Año 2299, Ciudad de México. Dos estudiantes de posgrado en la Escuela Superior de Arqueología y Ciencias del Pasado Reciente preparan un reporte de investigación sobre la escritora transexual Nicoleta Rodován, que alcanzó la cúspide de su genialidad literaria en el año 2020 con el libro de poemas y cuentos interactivos Alexa, amor de cocodrilo solitario. Dicha obra inauguró el género de la Postépica mexicana triste, cuya mejor y única exponente fue Rodován hasta marzo de 2040, fecha en que se vio superada por la generación del Maíz Transgénico.

La investigación de los estudiantes, titulada “Hallazgos sobre la probable génesis vital de Alexa, amor de cocodrilo solitario” se concentra sobre las huellas virtuales que Nicoleta Rodován dejó en la web 2.0 durante su estancia en la ciudad de Barcelona (2012) a la edad de 25 años, cuando aún se le identificaba como miembro del sexo masculino y respondía al nombre de Esteban Pérez.

El reporte reúne el blog de ejercicios literarios Prospecciones de Exilio, la cuenta de Twitter @Estebameeesta y otros vestigios virtuales[1] como posibles pistas sobre las vivencias que sembraron en E. Pérez/N. Rodován la semilla de su obra maestra.

La investigación pertenece a la Maestría en Arqueología Virtual, área de Literatura Latinoamericana, de la ESAR(CIPARE). Fue aprobada bajo la dirección de la arqueóloga Tania Hache y contó con el inestimable apoyo del doctor en literatura hispanoamericana (por la Universidad Nacional Autónoma de México) Cuauhtémoc White, incondicional entusiasta y animado consultor externo, según palabras del propio erudito.

Tanto White como Hache declararon en estrechos círculos académicos que los resultados de la “emocionante y rigurosa aventura por los mares binarios del siglo XXI”[2] arrojaría luz sobre el interesantísimo, aunque muchas veces ingrato y espinoso, trabajo de los biógrafos de Nicoleta Rodován.

 
[1] Un relato pornográfico reproducido en diferentes sitios web durante la segunda década del siglo XXI y la cuenta de Yahoo! Respuestas ‘SolitoEnBarcelona’.
[2] Investigadores ingleses poseen razones para sospechar que la frase exacta pronunciada por Hache en una cena-baile de la alta academia mexicana habría sido: “por los profundos mares binarios del siglo XXI, cuya dimensión literaria permanecería insondable si nosotros, especialmente White y yo, no nos hubiésemos atrevido a hundirnos en ellos. Quiero decir, a explorarlos”. Un grupo de especialistas de la Universidad Católica opina sobre la probable cita: “estamos convencidos de que inauguró el uso de la metáfora subacuática aplicada a las ciencias arqueológicas”.
 


La mujer crocodylidae

Resultado de extraordinaria paciencia y de una asombrosa habilidad para rastrear y discriminar información[3], los estudiantes consiguieron reunir casi todos los fragmentos de La mujer crocodylidae, relato en más de un criterio perteneciente al género cyberporn[4], que hoy se atribuye (previo consenso y sin mayor discordia) a Nicoleta Rodován. Aquí reproducimos tres de los veintisiete pasajes más significativos de la obra: muestra casi palpable del estilo rodovánico que más tarde se consolidaría en Alexa, amor de cocodrilo solitario.

1)   Tus pupilas son más duras que tus pezones que están hechos de escama. Clic. Capturo las aureolas entre los dedos. Las aprieto. (Quiero ser tus pupilas).  Alexa, tampoco esta noche apagues la luz.

2)   Tu placer es duro y seco: contradice a la humedad que resbala por tus muslos. Marina y salada. Te muerdo la espalda. Clic. Quisiera fundir la frente en tu hombro. Clic. Ser tu entrepierna.

3)   De mi piel haré la tuya. Una promesa de bar que no tomaste en serio. Yo miraba tu pecho. Clic. Tu destino de roca se hará carne en mi cintura. Olvida el reloj: el tiempo y la arcilla nos pertenecen. Somos dos reptiles de barro. Te daré. Mis escamas, que son más suaves. Te daré. Mis relojes. Clic, clic, clic.


[3] Cita tomada de la revista de divulgación Arqueologías de la ESAR(CIPARE), año 2301.
[4] Otro grupo de especialistas de la Universidad Católica sugiere que La mujer crocodylidae quedaría mejor ubicada dentro del género proto-cyberporn, puesto que E. Pérez no era todavía consciente de la importancia del clic como elemento de intersección entre literatura, arte conceptual y pornografía. En el 2012, varios escritores, artistas visuales y programadores (en promedio diez años mayores que E. Pérez) ya habían comenzado a utilizar el clic como articulador de discretos proyectos artísticos que la crítica subestimó hasta bien entrada la segunda década del siglo XXI, cuando fue demasiado tarde para apreciarlos: la acelerada evolución tecnológica los volvió prematuramente obsoletos.

Arqueología del deseo

La investigación “Hallazgos sobre la probable génesis vital de Alexa, amor de cocodrilo solitario” condujo a una impresionante tesis doctoral sobre nuevos métodos para reducir el tiempo que la arqueología literaria dedicaba al trabajo de campo virtual (estudio de caso: Nicoleta Rodován). Años después, en el 2352, la revista Tinteros entrevistó a una de las coautoras de ambos trabajos académicos (del segundo estudiante se sabe muy poco). A los sesenta y cinco años de edad, la doctora en arqueología y artista conceptual Jeannette Mocte comentó a propósito de sus impresiones personales sobre Tania Hache:

Fue cuando encontramos los tuits de Esteban Pérez que noté por primera vez esa especie de ¿cómo decirlo? acuosidad en sus ojos. Al principio creí que habíamos hecho algo mal, que el descubrimiento había sido una pérdida de tiempo. Ahora entiendo que Tania tuvo una revelación, aunque no es la palabra adecuada. En realidad sufrió una epifanía silenciosa y hacia dentro. No creas que me lo dijo de ese modo. No habló de ello conmigo ni con nadie, pero se le notaba en la mirada.

También comenzó a llevar un cuadernito de tapas rojas que compró en un mercado de antigüedades. El vendedor dijo que lo habían traído de Barcelona. Un Moleskine. ¡Imagínate! La jefa del departamento de arqueología virtual anotando versos sobre papel. Ni siquiera los estudiantes de literatura o filosofía usaban papel desde hacía generaciones. Empezó escribiendo haikus y prosas breves. ¡Ah! Y no respetaba el orden de las hojas. Tampoco anotaba la fecha. Lo sé porque una vez dejó el cuaderno sin vigilancia fuera del cajón. Entonces supe que escribía sobre el mar, sobre relojes y sobre lagartos. Y sí, tu intuición es correcta: los temas no variaron desde el principio. Supongo que eso es algo fascinante de su obra: tres temas sólidos que jamás se le agotaron, que manaban a borbotones de una fuente invisible y generosa (es curioso, en mi opinión nada de eso tuvo que ver con su vida. Primero, en la Ciudad de México no hay mar; segundo, siempre llegó tarde a todos lados, fue una impuntual incorregible; y tercero: nunca manifestó el más mínimo interés por la biología, no que yo supiera). Los géneros y la forma sí que cambiaban.

Un domingo por la mañana, mientras Tania preparaba el desayuno, pude hojear por última vez el cuadernito. Me topé con la idea de un guión cinematográfico: un tipo despertaba y en lugar de la novia se encontraba con un lagarto gigante en su lado de la cama. Además, quién sabe cómo, el reptil se había tragado un reloj antes de aparecer. El pobre tipo oía el tic-tac y lloraba desconsolado.

¿Si me identifico con la literatura de Tania Hache? No particularmente. Pero pienso que el acto literario que llevó a cabo fue hermoso y en ese sentido me siento cercana a su obra (soy de esa gente que considera al proceso como un hecho artístico independiente del resultado). Me contó del tatuaje que pensaba hacerse en la espalda, un reloj con versos en rumano sobre las manecillas. Fue la última vez que hablé con ella. Los tatuajes de escama en los tobillos los vi mucho tiempo antes, fueron los primeros que se hizo. Me mostró con una lupa el cuento dentro de una de las escamas. Era una gran entusiasta del nanotatuaje. Pero lo que no he visto, y no pienso ver jamás, es la obra completa. No me hubiese importado cuando Tania aún vivía pero ahora me declaro incapaz de hacerlo.

Me cuesta creer que las instrucciones que dejó se hayan ejecutado al pie de la letra (sin embargo, me alegra que fuera así. Me alegra mucho porque ella lo deseaba). Sólo una loca podía escribirse una transnovelaen toda la piel y donarla a un museo. La última vez que alguien me habló del tema supe que es más la gente que hace fila para leer algunos fragmentos de La arqueología del deseo directamente sobre el lienzo que quienes adquieren la novela en cualquier otro formato.

Apéndices



ETIQUETAS DE INVESTIGACIÓN: bisturí cincel estilo estrógenos historia de las nuevas formas literatura del otro reptilia transtextualidad secado a mano vaginoplastia viejas técnicas

Máster en Creación Literaria. Ejercicio: Trabajo final para el curso Nuevas Formas, impartido por el escritor español Jorge Carrión. Ejercicio también presentado en el taller de la asignatura Cuento, dirigido por el escritor mexicano Juan VilloroUniversidad Pompeu Fabra. Barcelona.

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Tiempo, haikus y supervivencia financiera.

Estoy viviendo la peor de mis pesadillas.

Bueno, la segunda peor después del sueño engarrotado en el soy prisionera de la provincia industrial y profunda y un sol grasiento me deshace los ojos.

¿Cuál? Verme involucrada en un proyecto de escritura de motivación y desarrollo personal.

Cuando un tal dios les dijo a sus criaturas que deberían ganarse el pan con el sudor de su frente, jamás prometió que se trataría de una actividad agradable, sino todo lo contrario. Luego llegó Mark Twain, más listo que el tal dios, con una interesante teoría sobre vallas, pintura y trabajo. Claro, entre la expulsión del paraíso y Tom Swayer hay más de un documental de Discovery Channel atestiguando que llevarse el alimento a la boca es cuestión de paciencia y resistencia y no tanto de gustos personales.

Así las cosas, debo redactar un inspirador monólogo (duración: una hora y veinte minutos, aprox.) para almas no menos desgraciadas que la mía, pero sí hartas de pasar ocho horas nalgapegada a una silla incómoda, y cuyo pico vital es trasladarse de la horrenda oficina a un sitio posiblemente más incómodo, donde un cónyuge ingrato, tres niñatos llorones y un canario exigente hacen del universo algo muy poco tolerable. Luego, no sé cómo, entran también los eternos temas de la trascendencia y la misión.

Yo, que paso olímpicamente de todo eso y sus derivados (aunque sí que estoy horas pegada a una silla), que no tengo ninguna clase autoridad moral para sugerirle a la gente lo que tiene que hacer y que sé muy poco sobre mascotas y el éxito en general (la palabra me produce escalofríos), me veo en la necesidad económica de idear una charla que no le tome el pelo a la banda, como pude apreciar que ocurre tras media hora de insufrible exploración en Youtube bajo las etiquetas “Deepak Chopra”, “Paulo Coelho” y “Miguel Ángel Cornejo”.

Fue la peor media hora de mi vida.

Entonces me vino a la mente el asunto del tiempo. Que lo contenemos y que algo tenemos que hacer con él. Y me acordé de los haikus, tan breves como nosotros. Tan sólidos, tan ligeros. Los haikus como cerillas inútiles en el universo. Me encanta la inutilidad, la encuentro tremendamente bella y provechosa.

Se me ocurrió que todo esto será divertido. Tiempo, haikus, oficina. Administración del tiempo, objetivos, literatura entre líneas, que nadie la note. Sacarle partido a lo que aparentemente no lo tiene, ese tipo de juegos inofensivos y aptos para todo tipo de público. Quiero decir: para el target indicado. Quiero decir: el padre de familia que se queda calvo en el tráfico, la señora que deja escapar su limitada posibilidad de trascendencia entre el súper y el banco,  tal vez hasta un par de abogados preocupados por el aburrimiento o aficionados a los timbres postales.

En fin, todos habitantes de la Teoría de las Formas de Platón. Más o menos.

¿Quién?

Notas mentales:

  • Limitada, porque toda posibilidad lo es.
  • El común denominador entre todos nosotros: el tiempo en una cajita breve.
  • Lo más divertido del asunto es que no tengo que firmar nada.
  • Escritor motivacional anónimo, fuck yeah.
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Males que aquejan al escritor (una interpretación personal). 8 y 9 (Última entrega).

Mafias

Me parece idóneo y natural que haya escritores interesados en la mafia.

Más aún que lleven este interés al fondo mismo del endoesqueleto y se les mezcle con la médula ósea. Pienso que esa es la parte más importante porque si se les queda en los músculos o en lo blandito, el interés permanecerá como una mera afición (feliz pero estéril) que no moverá ningún tipo de montaña o navío y carecerá del poder gravitatorio que pegará a los escritores a la silla de trabajo.

Por ejemplo:

Cuando un joven escritor fascinado por la mafia se lo tomó en serio, comenzó por lo más obvio, que en su caso fue investigar la etimología de la palabra mafia. Así aprendió que este vocablo proviene, según casi todos los estudiosos, del árabe. A partir de ahí, el joven escritor se dejó las pestañas, cierta firmeza de los glúteos y moderadas muestras de saliva en la esquina inferior derecha de las hojas de los libros sobre el tema. Asimismo, coleccionó todos los cómics pertinentes. También se quedó miope de tanto mirar Los Soprano (o eso quiso creer)  y la trilogía El Padrino (lo que derivó en una sincera afición por el cine de Ford Coppola y su hija Sofía, aunque siempre la reconoció como un entretenimiento saludable). Hizo de Roberto Saviano su héroe personal. También vio Gomorra en el cine y abandonó la sala excitado y afligido. Aprendió italiano en una escuela de idiomas cercana a su casa y probó las duras mieles de la autodisciplina con la lengua albanesa y sus refranes. Por supuesto, no dejó de leer a Saint-Exupéry, a Twain, a London, a Poe, a Cervantes, de la Cruz, Rulfo, Borges, Cortázar, Faulkner, Darío, Mistral, Neruda (porque así son las cosas), Villaurrutia, Pizarnik, Paz, Bolaño, Fogwill, Mishima, Apollinaire, Woolf, Piglia, el valiente Reinaldo, Curtis Garland, a Whitman, a Aira y cuanta novela policiaca encontró en la biblioteca. Y otros, los demás. Desordenado y como lo fue descubriendo y aunque claramente la mafia no estaba a simple vista siempre presente, en el fondo brillante, blanco, aglutinante sí lo estuvo: las ganas, el estilo, la vida. El tiempo que se piensa infinito o insuficiente a golpe de tecla, la confianza variable, la necedad de soldado.

El joven escritor solicitó la obtención de una beca para la creación artística, categoría literatura. Le fue negada. Pero sigue intentando -a modo de alegría anual y hábito de formal esperanza- obtenerla.

Otros 

Hasta ahora, he encontrado sólo dos maneras de abordar este asunto de la escritura:

  1. Leyendo, despedazando algo que está dentro y lamiéndolo con lengua de gato. Desbaratar como ritual perpetuo. Disciplina militar plegable. Invertir en al menos un buen diccionario de sinónimos y antónimos y acceder a él como quien lee Rayuela.
  2. No la conozco.

 

 

Persecución, ideología, indiferencia, carestía, incomprensión, analfabetismo, sectarismo, canibalismo, oportunismo, influyentismo, mafias, otros.

 

 

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Males que aquejan al escritor (una interpretación personal). Sexta y séptima entregas.

Canibalismo

La legítima preocupación colectiva por “no poder comer de la literatura” siempre me ha parecido muy extraña. Es como si algunos escritores no  acabaran de entender de qué está hecha su propia carne o no supieran que el idioma es rico en metáforas caníbales.

Quizá se trate únicamente de un pequeño error de vocabulario y de época: con el pago del alquiler y la rapidez de los tiempos, es fácil confundir palabras de un mismo campo semántico. Por ejemplo: “comer” y “alimentar”.

Oportunismo, influyentismo

De buenas a primeras, me niego siempre a pensar en ciertos escritores que me gustan como vedettes de algún tipo de poder.

Si algún día la veracidad histórica y/o periodística resultaran ineludibles, optaría por concentrarme únicamente en los textos y en olvidar, durante el tiempo que dure la lectura, en que tal vez  el cancán tuvo algo que ver con que esas obras maravillosas o con cierto no sé qué que qué se yo puedan estar ahora en mis manos.

Sin embargo, la mayor parte de las veces que he merodeado la biografía de mis héroes literarios en Google, resulta que fueron gente más bien encerrada en su casa o con muy poco talento para el ejercicio de la política en la más terrible de sus acepciones.

Entonces formulo la dudosa teoría de que el gran talento artístico está reñido con la  maldad y me siento bien.

*

Tratamiento de las ideas ingeniosas que acuden cuando uno está lejos del escritorio (y no pueden ser pasadas por alto):

  • Verificar si se ha metido lápiz y papel en la mochila.
  • Si no se cuenta con medios de escritura tradicional (los anteriormente citados) palparse el bolsillo para averiguar si su smartphone no se ha quedado en casa o no ha sido abducido durante su paseo. Si ha tiene suerte con éste último artilugio, puede elegir una de dos opciones:
  1. Utilizar la app ‘notas’ con la esperanza de aprovechar la idea algún día.
  2. Escribir un tuit y sepa que sus 140 caracteres monterrosianos ser perderán en la infinita e irremediable brevedad del timeline.
  • Si  tampoco dispone de medios de escritura electrónicos, ejercite la memoria.
    Le propongo empezar con esta frase: la oportunidad verbal, si no es sujetada, puede comportarse como el señor que salió a comprar cigarros y no volvió nunca. 

Persecución, ideología, indiferencia, carestía, incomprensión, analfabetismo, sectarismo, canibalismo, oportunismo, influyentismo, mafias, otros.
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MALES QUE AQUEJAN AL ESCRITOR (UNA INTERPRETACIÓN PERSONAL). QUINTA ENTREGA.

Analfabetismo, sectarismo

La otra tarde S. declaró que le gusta cómo hablo.

Lo ha dicho más de una vez.

Naturalmente, a mí me entusiasma que pequeñas unidades de sintaxis que voy transpirando sobre la marcha (y que encima son sinceras y verosímiles como “quiero vivir en esta esquina de tu boca” o  “esta curva de acá es tu país”) contengan el potencial de acercarme a otro ser humano; quiero decir: más allá de lo que uno es capaz de aproximarse con cualquier parte más o menos dura del cuerpo.

(De pronto he recordado El cuento de nunca acabar de Carmen Martín Gaite, que explora la tragicómica bola de estambre que es la narración amorosa: la persuasión, el reclamo del otro mediante el discurso y el arte de la elocuencia que podría suponer, si las cosas salen bien, la ascensión de los amantes “hacia ese séptimo cielo” de duración imprevisible.

Si bien C.M.G. utiliza en este espléndido ensayo una lúdica imagen de Petrarca muriéndose de amor y ensimismamiento al componer un poema que un inoportuno amigo suyo juzgará de exagerado (anda, Francesco, que esa morra te vale más bien madre –le dirá el amigo que a efectos de este párrafo es mexicano y no italiano ni español-) para hablar sobre la veracidad del discurso y su independencia respecto al apego biográfico, de ninguna manera restringe la narración amorosa al terreno de lo literario y sus labradores).

 

Ahora: generalizo a partir de mi propia experiencia y sin empacho

La literatura es también el espectáculo de la soledad.

Uno se da cuenta de ello desde sus primeras lecturas.

A mi madre, por ejemplo, le angustiaba mucho que yo pasara las tardes hojeando libros. Sal a jugar, me decía.

Supongo que la premonición de una vida poco acompañada para su descendiente la hacía olvidarse de que no contábamos con ningún vecinito apropiado y de que ella aún no había tenido más hijos. Y, para el caso, yo me sentía más cómoda memorizando las capitales africanas o leyendo las aventuras de  el cid que pateando una pelota de futbol contra la pared, haciendo de mi soledad algo evidente para los peatones.

Así, cuando la vocación por la escritura emerge del cuerpo infantil (casi siempre ocurre a esa edad, me parece) uno ya intuye lo que le espera.

La decisión por la palabra me ha acercado a algunos seres concretos pero me ha alejado de casi todo lo demás.

Los escritores que conozco suelen ser pésimos publirrelacionistas y carecer de empatía social desde lo todavía funcional hasta lo grave y lo verdaderamente trágico.

Por supuesto, hay excepciones aparentes: la otra noche quedé embelesada por la elocuencia de Juan Villoro en un acto en Casa América, aquí en Barcelona. Un verdadero maestro de la conversación, el sentido del humor y la coherencia.

Luego pensé en lo que se cuenta sobre el hermetismo de Juan Rulfo y me alegró mucho que otra vez se confirmara, en mi cabeza, la generalización (soy de fácil alegría).

Villoro comentó, entre otras cosas también alegres, que su horario de trabajo es bastante bancario y va de las ocho de la mañana a las dos de la tarde, más o menos.

Hasta él experimenta la soledad al menos seis horas diarias.

 

Una idea: la soledad es el puente que une a escritores y lectores.

A S. le gusta mucho cómo hablo.

No sé todavía si ha leído algo que yo haya escrito, pero me encuentro ideando alguna disculpa por no dedicarme al circo, a la música o al periodismo bonzo, porque el acto de escribir así nomás es solitario y aburrido y necesito hacerlo en el cuarto de al lado, donde nadie me vea.


Otra idea: comprendo profundamente a los escritores que deciden agruparse en generaciones literarias y bautizarlas con nombres chistosos; también a los integrantes de clubs de lectura de todo el mundo.

 

 

 

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males que aquejan al escritor (una interpretación personal). cuarta entrega.

Incomprensión

I.
En cierto sentido, la literatura y su proceso son el gran relato y el performance de la incomprensión.

No se me ocurre un solo personaje literario, obra o escritor que no haya sido -en mayor o menor medida, para bien o para mal- un auténtico incomprendido.

Otra imagen que me viene a la mente es la del lector que se queda con la sensación de no haber vislumbrado en su totalidad el significado del texto sobre el que recién rodó los ojos, y que  encuentra en lo que no se escribe fascinación, congoja, irritación o empatía a un nivel que no suele ser verbalizable de buenas a primeras.

En un arrebato de simplificación y alegría, yo también me atrevo a suponer que este es el origen de la teoría literaria, que con sus más de veinte siglos de historia no ha logrado todavía resolver algo que, utilizando todas las combinaciones de letras permitidas o posibles, narra una situación o conforma una imagen que no develarán ese algo, pero hará posible que sea intuido.

En realidad no creo que, muy en el fondo, la teoría de la literatura se proponga cumplir con ese horrible objetivo. Pero pareciera que en este mundo estamos obligados a justificarlo todo.

II.

Escritor: ser que asume su propia incomprensión y la del mundo como la única forma de vida tolerable y, en un intento casi siempre fallido, la alfabetiza.

(Que el futuro libre a los buenos escritores de conseguirlo alguna vez).

III.

El escritor español Antonio Masóliver me sugirió, tras elogiar brevísimamente el extrañamiento en uno de mis textos, procurar tener al menos un lector (para asegurarme de que lo que escribo se entienda).

IV

La incomprensión y la mediocridad en literatura no son lo mismo ni se parecen.

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Males que aquejan al escritor (una interpretación personal). Tercera entrega.

Indiferencia y carestía

1) APUNTES

Ensayemos una definición:

La literatura es la manera en que el escritor se las arregla, mediante el lenguaje y en pos de una obra más o menos coherente, con las obsesiones que le han sido dadas por la inutilidad del universo.

(Como ocurre con la luz del sol, que ahí ha estado y se han hecho con ella unas cuantas cosas).

Ensayemos lo demás:

Las obsesiones del escritor suelen ser poquísimas. Si es un buen espécimen, no serán más de tres.  Por ejemplo: a Robert Walser le interesaban mucho la servidumbre, el teatro y las voces de su cabeza. Si en cambio hablamos de un genio, es probable que no supere el par de angustias constantes (que agruparán a todo lo demás). Se me ocurre Borges: la multiplicidad y el infinito.

Está claro que la parquedad obsesiva enriquece la baraja temática de un escritor. Sin embargo, y si bien el límite de temas abordados es menos estricto que el menú de obsesiones, el repertorio tampoco suele ser tan abundante.

Siguiendo en la línea de los buenos escritores:

La obras completas de fulano de tal se relacionarán  entre sí más allá de cualquier intención estética o ideológica que este autor haya podido prever en su artístico cerebro.

Por más allá se entiende más hacia el fondo. Por más hacia el fondo se entiende que nos adentramos en el terreno de la intuición:

Fulano (el de las obras completas) intuye el fondo de su obra mientras permanece ocupado en otra cosa. Por ejemplo, en la literatura de los otros, el placer en alguna de sus variantes y la relación entre sí mismo y las palabras con la maldad del mundo, la tristeza finita,  los cuerpos mutilados, los canibalismos imposibles…

En todo esto interviene otra vez la apatía universal.

2) ANÉCDOTA

Un escritor con más horas de trabajo que lectores. Un escritor con más horas de trabajo que vida.

Persecución, ideología, indiferencia, carestía, incomprensión, analfabetismo, sectarismo, canibalismo, oportunismo, influyentismo, mafias, otros.

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