Vine a la biblioteca de la Pompeu Fabra, como todos los lunes, a hacer como que estudio; y a la pasada, por el rabillo del ojo, me encontré con la antología de Carlos Monsiváis ‘La Poesía Mexicana del Siglo XX’. Me puse a leerla y hasta me sentí con el derecho de escribir versos, de tanta emoción silenciosa (porque aquí no está permitido hacer ruido; tampoco debería estarlo que gente como yo ceda ante este tipo de ataques. Debería haber algo en el techo, como un detector de incendios, para disuadir).

Hay bocas, es cierto. Ay, boca. (En singular el deseo); la Vía Láctea es un jardín de niños. Y el invierno, casi terminado, un salón de espera. Boca roja, palpitas y revientas, quieta permaneces.

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