El escritor y sus malviajes

Soñé que otra escribía mi [    ].

Pero no se trataba de un plagio común y corriente, desprovisto de gracia creadora (¡ojalá!). La muy perra me había superado. Personajes, trama, recursos retóricos. Hasta el sinónimo que me tardé más de tres días en encontrar.

Un retortijón intestinal me atacó tras la primera coma, inmejorablemente situada; y los lagrimales estallaron al golpe de un punto y aparte, sonoro y contundente.

Pero lo que me rompía el corazón y me ataba una soga al cuello, lo que abría una puerta al precipicio más cercano con un educadísimo letrero de “Pase Usted”, era la certeza de saber que aquel plagio no se había efectuado con mala intención. La historia se encontraba en el aire y un escritor con más talento podía apropiársela sin ser ajusticiado, como cualquiera que ensancha los pulmones de puro gusto al inicio de la primavera.

Desperté pataleando. Arrancándome los pelos.

Ya con el café del desayuno me acordé de este terrible sueño recurrente que aquejaba al pobre Augusto Monterroso:

Algunas noches, agitado, sueño la pesadilla de que Cervantes es mejor escritor que yo; pero llega la mañana y despierto.

O creo que no era a él, sino a otro, a alguien en las afueras de San Blas, pero él también se sintió conmovido y lo anotó en su diario.

Lavé la taza, recogí las migas de pan y di por iniciado el día.

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