Tiempo, haikus y supervivencia financiera.

Estoy viviendo la peor de mis pesadillas.

Bueno, la segunda peor después del sueño engarrotado en el soy prisionera de la provincia industrial y profunda y un sol grasiento me deshace los ojos.

¿Cuál? Verme involucrada en un proyecto de escritura de motivación y desarrollo personal.

Cuando un tal dios les dijo a sus criaturas que deberían ganarse el pan con el sudor de su frente, jamás prometió que se trataría de una actividad agradable, sino todo lo contrario. Luego llegó Mark Twain, más listo que el tal dios, con una interesante teoría sobre vallas, pintura y trabajo. Claro, entre la expulsión del paraíso y Tom Swayer hay más de un documental de Discovery Channel atestiguando que llevarse el alimento a la boca es cuestión de paciencia y resistencia y no tanto de gustos personales.

Así las cosas, debo redactar un inspirador monólogo (duración: una hora y veinte minutos, aprox.) para almas no menos desgraciadas que la mía, pero sí hartas de pasar ocho horas nalgapegada a una silla incómoda, y cuyo pico vital es trasladarse de la horrenda oficina a un sitio posiblemente más incómodo, donde un cónyuge ingrato, tres niñatos llorones y un canario exigente hacen del universo algo muy poco tolerable. Luego, no sé cómo, entran también los eternos temas de la trascendencia y la misión.

Yo, que paso olímpicamente de todo eso y sus derivados (aunque sí que estoy horas pegada a una silla), que no tengo ninguna clase autoridad moral para sugerirle a la gente lo que tiene que hacer y que sé muy poco sobre mascotas y el éxito en general (la palabra me produce escalofríos), me veo en la necesidad económica de idear una charla que no le tome el pelo a la banda, como pude apreciar que ocurre tras media hora de insufrible exploración en Youtube bajo las etiquetas “Deepak Chopra”, “Paulo Coelho” y “Miguel Ángel Cornejo”.

Fue la peor media hora de mi vida.

Entonces me vino a la mente el asunto del tiempo. Que lo contenemos y que algo tenemos que hacer con él. Y me acordé de los haikus, tan breves como nosotros. Tan sólidos, tan ligeros. Los haikus como cerillas inútiles en el universo. Me encanta la inutilidad, la encuentro tremendamente bella y provechosa.

Se me ocurrió que todo esto será divertido. Tiempo, haikus, oficina. Administración del tiempo, objetivos, literatura entre líneas, que nadie la note. Sacarle partido a lo que aparentemente no lo tiene, ese tipo de juegos inofensivos y aptos para todo tipo de público. Quiero decir: para el target indicado. Quiero decir: el padre de familia que se queda calvo en el tráfico, la señora que deja escapar su limitada posibilidad de trascendencia entre el súper y el banco,  tal vez hasta un par de abogados preocupados por el aburrimiento o aficionados a los timbres postales.

En fin, todos habitantes de la Teoría de las Formas de Platón. Más o menos.

¿Quién?

Notas mentales:

  • Limitada, porque toda posibilidad lo es.
  • El común denominador entre todos nosotros: el tiempo en una cajita breve.
  • Lo más divertido del asunto es que no tengo que firmar nada.
  • Escritor motivacional anónimo, fuck yeah.
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