Gimnasio de escritura (1): bestias y plantas.

Siempre será buena idea comparar colores con los pétalos de una flor que el lector probablemente jamás haya visto, o bien con el color de un mineral rarísimo. Del mismo modo,es posible construir una buena comparación evocando el pelaje de animales poco comunes en la zona geográfica del escritor. Sin embargo, esta paleta suele ser más limitada y podría empujar -si no se hace con prudencia- a nuestro símil a un terreno poco afortunado. A menos, eso sí, que se trate del plumaje de aves que no tengan nombre de conjuntos turísticos.

Lo anterior se debe a que las comparaciones botánicas o mineralógicas poseen la virtud de inocular el texto con extrañeza y desasosiego (¡punto a favor!), mientras que las metáforas fáunicas podrían enfurecer a la comunidad protectora de los derechos literarios de los animales.

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